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Ángel Varela: Moteros tranquilos, toros salvajes y películas inolvidables

Hay un libro fundamental de Peter Biskind, crítico cinematográfico norteamericano, publicado por Anagrama hace ya algunos años, y titulado “Moteros tranquilos, toros salvajes”, que habla con todo lujo de detalles sobre esa generación de directores que, en la década de los setenta, contribuyó a cambiar Hollywood con su audacia y su talento. Gentecomo George Lucas, Martin Scorsese, Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, William Friedkin, Brian de Palma, Hal Ashby o Paul Schrader.

Como muy bien recuerda Scorsese en el libro: “Láepoca entre 1971 y 1976 fue la mejor porque estábamos empezando. Nos moríamos de impaciencia por ver la siguiente película de nuestros amigos. Queríamos saber qué estaban haciendo Steven, Brian o Francis”.

Los trece años transcurridos entre “Bonnie and Clyde” (1967) de Arthur Penn y “La puerta del cielo” (1980) de Michael Cimino delimitan, a juicio de muchos cronistas, la última época en que hacer cine en Hollywood fue realmente emocionante, la última vez que la gente pudo estar orgullosa, y con razón, de las películas que hacía.

Aquel período de efervescencia creativa puso además de manifiesto algo que marcó un punto de inflexión en el devenir de la industria: mientras los directores más intelectuales de los setenta como Altman,Penn, Scorsese o Hopper se dedicaban a la deconstrucción de géneros, Lucas y Spielberg hacían justo lo contrario, es decir, ennoblecían y revitalizaban géneros pasados de moda y desacreditados, ligando los espectaculares efectos especiales con los seriales de primera sesión de los años treinta.

George Lucas, no obstante, tiene muy claro cuál fue el principio del fin. “Cuando las grandes empresas compraron y cuando tomaron el poder los abogados, agentes y contables, gente que leía Wall Street Journal y a la que le importaban menos las películas que los precios de las acciones, entonces todo se fue al diablo”.

 

En cualquier caso, ese breve período de la historia de Hollywood fue suficiente para alumbrar un puñado de películas que ya figuran, por merecimientos propios, en el imaginario colectivo. Hablamos de títulos como “La guerra de las galaxias”, “Tiburón”, “Encuentros en la tercera fase”, “Toro salvaje”, “El padrino” o “Apocalipsis now”.

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