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Rabadeira: “Siempre piensas que puedes llegar a más, pero no fui un fenómeno”

Antonio Llamas / A Coruña. Perteneció a aquel fútbol en que todavía había extremos pegados a la banda. Él era driblador y centrador y cumplió su etapa en el Deportivo con diferente suerte: jugó en Primera División pero también en Tercera. Fue de los más populares de su época. No es otro que Rabadeira, José García Martínez, con el que charlamos sobre su paso por el club coruñés y sobre otras vicisitudes de su carrera deportiva.

Pregunta.- ¿Por qué le llaman Rabadeira?

Respuesta.- Porque soy de un lugar llamado Rabadeira, en el municipio de Cerceda. Si usted pregunta allí por Rabadeira puedo ser yo o cualquiera de mis hermanos, porque a todos nos conocen por ese nombre.

P.- ¿Cómo empezó en el fútbol?

R.- Empecé, precisamente, en el Cerceda, en un equipo sin federar. Después pasé al Celas de Peiro (no confundir con el Celas) y de ahí ya me fui a los juveniles del Deportivo.

P.- Hasta alcanzar el primer equipo…

R.- Sí. Mosquera, un antiguo ojeador del Deportivo, fue el primero que me vio y me llevó a la disciplina del club. Habló de un chaval de Cerceda que despuntaba y le dijeron: “Tráelo a entrenar”. Fui, entrené una tarde, les gusté y me quedé en el Deportivo. Estuve un año en los juveniles y dos en el Fabril, de donde pasé a la primera plantilla.

P.- Porque usted jugó en Primera División y no en el “Superdepor”…

R.- El “Superdepor” ni se soñaba por entonces. Sí, estuve en Primera, en la época del equipo ascensor, que era como nos llamaban porque subíamos un año y bajábamos al siguiente.

P.- ¿Se acuerda de su debut?

R.- Sí, claro, fue en la segunda jornada de Liga, en Riazor, frente al Granada. Era la temporada 1972-73 y terminamos ganando 1-0. Jugué bastante bien. Arsenio, que era el jefe, me felicitó al acabar el partido. A partir de entonces, si estaba bien físicamente, siempre fui titular.

P.- Usted fue protagonista de dos descensos seguidos…

R.- Sí, uno a Segunda División y otro, a Tercera, porque entonces no había Segunda “B”. Tengo un mal recuerdo de aquello, era una época de pesimismo en el club. Te ves abajo, no salías de la situación, no salías y, al final, terminas por no salir.

P.- ¿Qué compañeros recuerda?

R.- A muchos, a Luis, a Loureda, a Belló, a Cervera…

P.- ¿Mantiene contacto con ellos?

R.- La verdad es que no tengo trato con ellos. A los que más veo es a Luis y a Oregui. Pero a gente como Pousada, por ejemplo, debe de hacer más de veinte años que no lo veo. Lo cierto es que yo tampoco hago mucha vida social. Estoy en La Coruña de lunes a viernes y el fin de semana me voy a la aldea. Por lo demás, salgo poco de mi barrio.

P.- ¿Qué fue lo peor de estar en Tercera?

R.- Primero hubo mala suerte que no hubiera Segunda División “B”. Y, después, que te ves en un pozo negro del que no encuentras la manera de salir. Y eso que nosotros siempre estuvimos en los lugares de ascenso. Además, jugar contra equipos como el Turón o el Ensidesa, con todos mis respetos, no es lo mejor para motivar a la plantilla.

P.- ¿También recuerda los viajes?

R.- Eran algo criminal. Te metías en un autobús que nada tenía que ver con los de ahora. Todo el viernes y el sábado, de viaje. Y a la vuelta llegabas el lunes por la noche. Actuar en Cantabria, por ejemplo, era un suplicio, por las carreteras en tan mal estado y las distancias tan grandes.

P.- ¿Cuántos años estuvo en el Deportivo?

R.- Alrededor de diez o doce. Jugué en todas las categorías: juveniles, Fabril y luego Primera División, Segunda y Tercera. Iban al campo entre seis y ocho mil personas. Nunca pensé que pudiera llegarse al número de socios de la actualidad.

P.- También estuvo cedido…

R.- Sí, al Levante, en Segunda División. Jugué pocos partidos porque tenían un buen equipo. También llegué a irme a Suiza, para jugar en un equipo de Primera División, pero justo el día de hacer la prueba me lesioné por la mañana en la rodilla y no pudo hacerla. El interés de los suizos se enfrió y volví al Deportivo. Fue una lástima porque iba muy bien económicamente.

P.- Y, a partir de ahí, una suerte nefasta…

R.- Sí, porque me tuve que retirar con 27 años. Ante la incertidumbre me tuve que marchar para casa: el doctor Hervada decía que estaba para operar y el doctor Barbeito decía que no. Entre unas cosas y otras tomé la opción de una temprana retirada. Antes me habían ofrecido la posibilidad de ir cedido al Plasencia, pero dije que no, que para qué…

P.- ¿Le dieron mucha “leña”?

R.- ¡Uf!, sí, me dieron mucha. ¿Quiénes? Pues recuerdo a Carrete, el del Oviedo; a Vallina, aquel central y lateral, asturiano también. En un partido contra este Vallina, me estaba dando tanto que le gritaron desde la grada: “Vallina, que esto no es Ensidesa, que non estás mallando no ferro”.

P.- ¿Cree que pudo llegar a más en el fútbol?

R.- Eso siempre lo piensas, que podías haber rendido más, que podías haber conseguido cosas… Pero tampoco fui un fenómeno, de modo que hay que conformarse.

P.- En sus buenos tiempos, ¿qué ofertas tuvo?

R.- Se habló, en su día, de que el Madrid estuvo interesado en mi, pero yo no supe nada. El que sí hizo una oferta en firme fue el Español de Barcelona. Fue por medio de Santamaría, que habló conmigo. Era la época en la que el entrenador del Deportivo era José Antonio Naya. Me preguntó: “¿Quieres venir?” Le dije que sí, pero luego, por circunstancias del fútbol, se complicó todo y no salí de aquí.

P.- ¿Usted le sacó dinero al fútbol?

R.- ¡Qué va, hombre! Le voy a recordar los sueldos que teníamos en el Deportivo el primer año que estuve: 13.000 pesetas en Primera División. Después, cuando más gané, teníamos un sueldo de 40.000 pesetas. Desde luego, ahorrar no pude hacerlo. Eso sí, lo que gané me valió como ayuda para comprarme el piso que tengo. Eran otros tiempos, nada que ver con los actuales.

P.- ¿No le dio por ser entrenador?

R.- No, y eso que, al principio, estuve entrenando sin carnet a chicos jóvenes. Pero fue más una forma de desenganchar paulatinamente del fútbol que una verdadera vocación.

P.- Lo que sí hizo fue jugar al fútbol-sala. ¿Le gustaba?

R.- Mucho, estuve varios años haciéndolo hasta que un día me caí de mala manera, me dolía mucho la espalda y me asusté, de forma que no volví a jugar. Fui campeón de Galicia con el Muebles Martínez, de Cerceda.

P.- Me dijeron usted no acudió a ningún acto del Centenario del Deportivo. ¿Por qué?

R.- Es cierto, porque no me gustan mucho las fiestas ni los actos sociales, soy muy cerrado para esas cosas. En La Coruña, donde estoy toda la semana, apenas salgo de mi barrio (vive en la calle San Vicente), frecuento el Bar “Suiza” y el que quiera verme tiene que venir aquí.

P.- ¿Ni siquiera le apetecía ver a sus antiguos compañeros?

R.- No, todo aquello me parecía mucho barullo y preferí no ir.

P.- ¿Va al fútbol a Riazor?

R.- No, hace ya algún tiempo que no voy. Fui socio durante bastantes temporadas, pero ahora no lo soy. Además, antes, los que habíamos sido jugadores de la primera plantilla teníamos un pase, según los estatutos del club, pero nos lo retiraron.

P.- ¿Qué le pareció la etapa del “Superdepor”?

R.- Increíble, pero cierta. Hubiera sido impensable en mi época. No es fácil que vuelva a ocurrir, pero sería bonito. Recuerdo mi calle, engalanada con todo tipo de banderas, pancartas y adornos.

P.- ¿Es mejor el fútbol de ahora o el de antes?

R.- El fútbol siempre es fútbol. Ahora hay jugadores que lucen más que antes, pero antes había más jugadores de calidad. Desde luego, las televisiones influyen mucho porque ahora todo tiene más trascendencia que en mi época, en la que todo quedaba más tapado.

P.- ¿Quiénes fueron los mejores jugadores del Deportivo con los que jugó?

R.- Cervera era un gran jugador, con un extraordinario talento en el terreno de juego. También el chileno Muñoz, del que no se ha vuelto a saber. Tenía una pierna izquierda excelente y unos muslos enormes, con los que protegía el balón de una manera asombrosa. El argentino Piris también fue un gran jugador.

P.- ¿Y de los contrarios?

R.- De mi época, Cruyff, sin duda. Nunca jugué contra él pero era muy bueno. Curiosamente, por un año no coincidí con él en el Levante. Era al que más me gustaba ver jugar.

P.- Después del fútbol tuvo que trabajar, ¿no es cierto?

R.- Sí, estuve en Lignitos de Meirama hasta ahora. El fútbol no me solucionó la vida, sólo me ofreció una pequeña ayuda.

P.- La lesión que le apartó del fútbol, ¿le molestó en la vida normal?

R.- No, no. Estoy operado de las dos caderas, por desgaste de las mismas, pero no por culpa del fútbol, o al menos que yo sepa. En ese sentido, hago una vida normal.

P.- ¿Tampoco quiso ser ojeador futbolístico?

R.- No, mi carácter no vale ni para técnico ni para ojeador. No soy de ese mundillo. Como tampoco de los medios de comunicación. Me llamaron alguna vez para comentar partidos, pero no me encuentro a gusto.

P.- ¿Qué le dejó el fútbol?

R.- Hombre, me dejó amigos, que siempre los haces. Y también me dejó la satisfacción de haber conseguido algunos logros.

P.- Por cierto, usted era muy discutido en Riazor…

-Si. Y a propósito de esto le voy a contar una anécdota. En la zona de Preferencia había unas mujeres que iban siempre al fútbol y se ponían en el mismo sitio. Yo ya las tenía localizadas. Al empezar un partido me gritaron: “Neniño, ven para aquí que vales mucho”. En los últimos momentos del partido me decían: “Vete para Cerceda y no vuelvas”.

P.- ¿Llegaron a increparle por la calle?

R.- No, eso nunca. No sé si a otros compañeros se lo hicieron, pero yo anduve siempre con libertad, de un lado para otro y sin problemas.

P.- No era muy goleador…

R.- No mucho, pero chutaba con relativa frecuencia. Un año marqué bastantes goles, pero los extremos (yo era de los que jugaba pegado a la banda) no acostumbraban a conseguir más de seis u ocho goles por temporada. Esa era una cifra buena.

P.- ¿Cuál fue su mejor gol con el Deportivo?

R.- No recuerdo ninguno en especial. Bueno, sí, uno contra el Valladolid en Riazor. Fue un centro pasado, conecté una volea y entró en la portería rival. Fue un golazo, la verdad. Creo que aún guardo recortes de la “Hoja del Lunes” y del “Riazor”. Titulaban: “Año nuevo, goles nuevos”, celebrando mi gol.

P.- ¿Qué dirigentes recuerda de su tiempo?

R.- Coincidí con Antonio González, Antonio Álvarez y Sánchez Candamio. Todos hicieron lo que pudieron por el Deportivo, en una época mucho más difícil que la actual.

P.- ¿Algo más, Rabadeira?

R.- Bueno, ahora que estamos recordando dirigentes quisiera tener un recuerdo especial para Manuel Fernández Trigo, tantos años gerente del Deportivo y después del Real Madrid. Siempre se portó muy bien conmigo, aconsejándome lo mejor. Cualquier problema que tenía lo hablaba con él y siempre me condujo bien. Fue muy importante en mi carrera. 

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