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Rodríguez Vaz: “Fran, el mejor jugador que entrené, pudo haber llegado más lejos en el fútbol”

Antonio Llamas / A Coruña. Pasa en esta ocasión por nuestra sección de entrevistas un trotamundos del fútbol gallego. Menos la provincia de Pontevedra, que no fue proclive a utilizar sus servicios, el resto de las gallegas sí lo tuvo en alguno de sus equipos. Ello, unido a una amplia y brillante trayectoria como director del Colegio de Entrenadores en los últimos cuarenta años, hacen de él uno de los personajes que con mayor propiedad puede hablar del balompié en nuestra región.

Se trata, ya lo habrán identificado, de Luis Rodríguez Vaz, que parece retirado del fútbol pero él mismo nos lo desmiente:

-No, de retirado, nada. Estoy disponible para quien lo quiera. Yo soy como los toreros, no me retiraré del fútbol jamás.

Pregunta.-Usted ha recorrido Galicia entrenando equipos de arriba abajo…

Respuesta.- Es cierto, exceptuando mi estancia en el Chaves, en Portugal, el resto de los equipos a los que pertenecí son de Galicia. De los grandes gallegos, sólo dos faltaron en mi currículum, el Pontevedra y el Celta.

P.- ¿Cómo empezó en esto del fútbol?

R.- Allá por el año 1967. Ya llovió desde entonces. Mi primer equipo fue el juvenil del Ciudad Jardín, aquí, en La Coruña, y después los mayores del Unión Sportiva.

P.- ¿Cuándo sacó el título nacional?

R.- Fue en el año 1969 y, una vez obtenido, Antonio González me llevó al Deportivo, donde estuve en dos épocas distintas. En la primera entrené a los juveniles y al ördenes, que entonces era filial del equipo blanquiazul.

P.- Salió por algún problemilla, según tengo entendido…

R.- Así es, pero fue algo sin importancia. Tuve un pequeño rifirrafe con el entonces gerente, Manuel Fernández Trigo. Yo entrenaba cuatro días a la semana a los juveniles y el directivo me dijo que sólo podía hacerlo tres días. Le hice ver que eran jugadores que tenían 18 años y que les hacía falta más entrenamiento. Entonces me dijo que o lo tomaba o lo dejaba.

P.- ¿Y lo dejó?

R.- Efectivamente, lo dejé. Y, en eso, me llamó el Compostela. Estuve en una primera etapa y logramos el ascenso. Como posteriormente ascendí con el Racing de Ferrol, en la primera época en la que estuve en el club departamental. Entonces me reclaman nuevamente del Deportivo y permanezco en el equipo coruñés hasta la llegada de Lendoiro. Estuve un año con él y terminé marchándome.

P.- Pero sigamos con su periplo por la geografía gallega…

R.- El siguiente paso fue fichar por el Endesa de As Pontes. Ahí sustituí a un colega asturiano. Guardo un excelente recuerdo de mi paso por este equipo y, especialmente, de su presidente, Tino Parajón, un tipo tranquilo y moderado, de los pocos que se encuentra uno en el fútbol. No se puso nunca nervioso y contagiaba su tranquilidad a los que estábamos a su alrededor. Asumió desde el primer momento haber hecho mal las cosas en la pretemporada, haber fichado mal y nos quitaba presión diciéndonos que no pasada nada si descendíamos. Afortunadamente, no lo hicimos aunque pasamos bastantes apuros hasta que nos salvamos, en la penúltima jornada.

P.- ¿Por dónde siguió su aventura?

R.- Tras dos años y medio en el Endesa me fui al Lugo. Llegué para sustituir a Julio Díaz, en Segunda División “A”, y tengo todavía el mal sabor de boca de que por un punto no nos salvamos del descenso. De todas formas, me trataron muy bien; en realidad, en todos los sitios donde estuve me trataron estupendamente.

P.- ¿…?

R.- Posteriormente, volví al Racing de Ferrol, donde permanecí dos temporadas. Clasifiqué al equipo para la liguilla de ascenso, pero no pudimos lograrlo porque, entre otros, había equipos muy potentes como el Levante o el Córdoba, que tenían unas plantillas muy superiores a las del resto de clubes.

P.- ¿Qué ha venido pasando en Ferrol que hasta ahora no levantaban cabeza?

R.- El gran problema del Racing es que cuando tiene un equipo competitivo cambia todo el bloque en lugar de cambiar únicamente piezas. Hay que respetar lo que funciona y cambiar solamente lo que no.

P.- Usted protagonizó una curiosa situación en el Orense…

R.- Sí, me contrataron únicamente para disputar el último partido, en el que el equipo se jugaba el descenso de Segunda División “A” a la “B”. Habían echado a Teixidó y jugábamos la última jornada en Almería, donde teníamos que ganar para salvarnos, era el único resultado que nos valía. Tuve la gran suerte de que se suspendió la competición por un partido de la selección y hubo quince días para preparar el gran choque. Al final ganamos 2-3 y salvamos la categoría.

P.- Le ofrecerían la renovación, ¿no?

R.- Sí, por supuesto. E iniciamos la temporada estando tres jornadas líderes y catorce más entre los tres primeros. Después, las lesiones y la propia competición nos devolvió a nuestro sitio verdadero. Pero lo importante es que salvamos nuevamente la categoría, que era el objetivo al comienzo de la temporada.

P.- Pero no siguió…

R.- Llegó el Grupo Bahía y no me renovó, metió a uno de los suyos, lógico hasta cierto punto porque ya se sabe cómo trabajan estos grupos, que tienen gente para varios puestos. Pese a ello me volvieron a llamar los tres últimos meses.

P.- Por fin llegó la oportunidad de entrenar en Primera División…

R.- Pero fue en Portugal, con el Chaves. Llegué al final de temporada, cuando el equipo ya estaba descendido, para ver la gente que podía quedarse y la que no. Después surgió lo de siempre, problemas económicos. Los fichajes que yo propuse eran caros, los siguientes también y, al final, se ficharon los que propuso la directiva. En diciembre me cesaron y se acabó la aventura portuguesa. En mi descargo tengo que decir que cuando me cesaron íbamos terceros, a un punto del segundo y a dos del primero. Y desde que me fui yo, el Chaves no volvió a estar en los puestos de cabeza en toda la temporada.

P.- De vuelta a Orense…

R.- El presidente Rois me llamó. Rois era una persona muy nerviosa, que contagiaba a su entorno. Fue un gran presidente para el Orense, pero de ese estado nervioso nos hacía partícipes a cuerpo técnico y plantilla, por lo que era muy difícil trabajar en esa situación. Pese a ello, tuve una buena relación tanto personal como profesional con él.

P.- Nos ha hablado poco de su paso por el Deportivo…

R.- Tuve la gran suerte de pertenecer al equipo coruñés. Y, es más, le puedo decir que he sido el único técnico que ha ocupado todos los puestos del “staff”: fui entrenador del primer equipo, segundo entrenador, preparador físico y secretario técnico. Más no se puede pedir.

P.- ¿Cree que le han reconocido su labor?

R.- Este asunto de los reconocimientos no tiene mucho valor para mí. Uno va a un puesto a hacerlo lo mejor posible, y lo hace lo mejor posible. Si salen las cosas bien, pues bien; de lo contrario, la vida sigue y lo demás sobra.

P.- ¿Cómo recuerda la primera vez que entrenó al Deportivo?

R.- Fue la temporada 1981-82, llegué para sustituir a Martínez. Subí del Fabril a Vicente y Agulló. A mí siempre me gustó mucho más trabajar con la cantera que con desconocidos.

P.- ¿Y la segunda vez?

R.- Fue en la temporada 1987-88. Subí del Fabril a Fran y a José Ramón. No había ni buenas condiciones para entrenar, entrenábamos detrás de la torre de Marathón, en un campito con piedras, puntas y de todo, restos todavía de la reforma del Mundial´82. El partidillo del jueves lo íbamos a hacer a Elviña, donde habían echado una capa de tierra que, si llovía un poco, te enterrabas hasta el tobillo. Riazor no se podía utilizar hasta que me sustituyó Arsenio y, entonces, sorprendentemente, el equipo pasó a entrenar en el terreno de césped.

P.- Cuéntenos alguna anécdota de la época…

R.- Se me viene a la cabeza aquella cuando yo estaba en el cuerpo técnico del Deportivo. Mosquera, que era el delegado, y yo estuvimos en Betanzos para ver a Buyo y ficharlo. Hablamos con el padre y nos dijo que ficharía por el Deportivo con una condición: que lo matriculásemos en Formación Profesional para ser fontanero y que le pagásemos el autobués Coruña-Betanzos. Dijimos Mosquera y yo: está hecho. Fuimos a Riazor, donde se juega el primer partido del “Conde de Fenosa” y le pedimos a Fernández Trigo las llaeves del club para coger los impresos correspondientes y volver a Betanzos para realizar la operación en caliente. No nos las dio, nos dijo que esperáramos al lunes. Ese fin de semana vino el Mallorca y fichó a Buyo, de la mano de Amador. Después lo ficharía el Deportivo, pero tuvo que pagar un buen dinero.

P.- ¿Le hubiera gustado entrenar en Primera División?

R.- Sí, desde luego, quizá haya sido lo que me ha quedado por lograr en el fútbol.

P.- ¿Se consideraba capacitado para ello?

R.- Hubiera entrenado en Primera con la gorra y más entonces, cuando el entrenador tenía que hacer todo: técnico, preparador físico, hacer la táctica, entrenar a los porteros. Hoy el entrenador puede saltar a los entrenamientos con las manos en los bolsillos.

P.- Cambió mucho el fútbol, ¿verdad?

R.- Bueno, en cuanto a tecnificación y trabajo individualizado, sí. No obstante, estoy con Boskov en que “fútbol es fútbol”. En el fútbol ya está todo inventado y lo único que hay que hacer es buscar jugadores inteligentes, no peloteros.

P.- ¿Nota que su carrera militar le perjudicó a la hora de triunfar en el fútbol?

R.- Sí que me perjudicó. Y especialmente en un momento del año 1978, cuando logramos el ascenso a Segunda División “A”. Entonces se produjo una llamada de Salvador Santos Campano, por entonces vicepresidente del Atlético de Madrid, interesándose por llevarme al cuerpo técnico del equipo rojiblanco.

P.- ¿No se decidió?

R.- No, y todo tiene su explicación. Yo acababa de salir teniente con mi promoción. Había mucho riesgo en la decisión, el fútbol ya sabe todo el mundo cómo es y, al final, me quedé aquí. Además, no había podido pedir la excedencia, porque estaba recién salido de la Academia y todavía no tenía derecho. Si llega a ser un poco después, quizá no hubiera desaprovechado la oportunidad.

P.- ¿Le hubiera gustado?

R.- Sí, me hubiera gustado mucho. El fútbol siempre ha sido una pasión para mí y por culpa del fútbol no disfruté de mis hijos en sus más tempranas edades. Y de mi familia tampoco. Le voy a dar un detalle: muchas Nochebuenas y Nocheviejas seguidas no las pasé con la familia. Ya me había ofrecido a mis compañeros para cubrir los servicios esos días, en contraprestación con las facilidades que ellos me daban otros días del año.

P.- Usted fue también director de la Escuela Gallega de Entrenadores muchos años…

R.- Efectivamente. Estuve como profesor desde 1967 a 1971. Entretanto, en 1969, saqué el título de entrenador nacional, siendo en ese momento el entrenador más joven de España. A partir de 1971 fui director de la Escuela Gallega hasta el año 2011.

P.- ¿Le disgustó irse así?

R.- No, para nada. Cada uno lleva a la gente de su confianza. Lo que pasa es que, tras 45 años en ello, lo tienes que echar de menos a la fuerza.

P.- ¿Quiénes pasaron por sus manos?

R.- Ahora mismo hay un entrenador de Primera División que sacó el título por la Escuela Gallega, que es Unai Emery. Otros que pasaron por aquí fueron Fabri, Djukic, José Ramón, Luis César, Fran, Ballesta, Maté, Piña…

P.- Finalizamos ya. ¿Quién fue el mejor jugador que dirigió?

R.- Fran, sin duda alguna, un extraordinario jugador con el que el fútbol fue injusto porque pudo llegar más lejos. 

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